domingo, 7 de julio de 2013

Relato del Presente: Contate otro / No todo se debate / La Década Cambiada

En plan de alegrarnos la vida, el kirchnerismo se mostró afilado y esta semana nos deleitó con más de un paso de comedia. A la cabeza de la compañía, la Presi se divirtió el fin de semana en Twitter, donde nos presentó a unos seres vivos que viven de arriba, reciben la mejor de las atenciones, no realizan nada productivo y no son sus dos hijos. Las fotos de las mascotas cayeron como corolario de un día en el que tuvo el tremendo acto de agresión de repetir nuevamente un discurso que había brindado durante la semana, y hasta tuvo un dejo de misterio, cuando dijo “Gracias, Néstor, vos sabés por qué”. Teólogos, rabinos, sacerdotes y gurúes consultados dicen desconocer si en el más allá tienen permitido el acceso a las redes sociales, con lo que no se descarta que al expresidente le haya llegado el mensaje.

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Otro que se puso en chistoso es el siempre efectivo Carlos Kunkel, que en un rapto de histrionismo humorístico, fustigó a Ricardo Gil Lavedra por haber jurado ante el Estatuto Militar para desempeñarse como Procurador ante la Corte Suprema en plena dictadura. Si bien es cierto, que un kirchnerista venga con este planteo, cuando tienen a Eugenio Zaffaroni como estandarte, es un poco como mucho. Eugenio, que juró como Juez Federal en lo Criminal durante el gobierno de Isabelita, no tuvo problemas en asumir como Juez Nacional de Sentencia un año después, ya en dictadura. Tenía cancha, dado que fue Juez de Cámara de la Provincia de San Luis durante la trilogía Onganía-Levingston-Lanusse. Las formas se habían puesto un poco más exigentes, pero Zaffaroni le puso garra y juró defender y observar el cumplimiento del Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional, el Acta para el Proceso, el Acta de Propósitos y lo que quedaba de la Constitución, en ese orden. 

Obviamente, al actual ministro de la Corte Suprema no le genera ningún cargo de consciencia, y hasta lo pone en su curriculum vitae, disponible en la página de la Corte. ”Fue un partícipe necesario de las atrocidades de Videla, porque sin una cobertura jurídica era muy difícil ejercer un gobierno como lo hizo”, afirmó el diputado Kunkel, aunque no se refería a Zaffaroni, sino a Gil Lavedra. Nosotros no fuimos, fueron los otros.

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Otra joda bárbara fue la protagonizada por Víctor Hugo Morales, a quien la CNN puso al aire para preguntarle, sin piedad, sobre el informe de Lanata, el cual se exhibió a la misma hora en la que salía su megatanque de 2,5 puntos de rating. Victor Hugo se ofendió al ser calificado como “el relator del gobierno”, dado que se define como un periodista libre que discrepa en muchas cosas con el oficialismo y acuerda en otras. Sondeos recientes estiman que el porcentaje de discrepancia-acuerdo del locutor yorugua rondaría en un 0,1% para la primera opción y un 99,9% para la segunda, con un margen de error del 0,1%. Así y todo, Morales tuvo tiempo para demostrar su poderío cuando recordó, contento, que este último domingo presentó un video con el que pretendió desacreditar la tergiversación que las corporaciones mediáticas efectuaron, mediante ediciones, respecto del Dalai Guillermo Moreno y su intervención en la asamblea del Grupo Clarín. El videito en cuestión presentó a un Guillote más autoritario que nunca, a las puteadas limpias y al borde de un embarazo psicológico de la calentura que llevaba encima, con lo que quedó demostrado que la corpo le hizo precio con la edición.

El toque de humor barrial, picarón y cómplice de la semana lo aportó el compañerazo Rudy Ulloa Igor, quien ante las sospechas sobre su progreso económico que lo llevó de laburar de chofer estatal a ser un millonario empresario, afirmó que en este país no le perdonan el éxito. “De Néstor aprendí que se puede cambiar el mundo y que todo puede hacerse”, afirmó el exitoso, ante las risas generalizadas, y levantó sospechas sobre su costado espiritual, puesto que no llego a cambiar el mundo, pero le metió garra con eso de mejorar primero el suyo.

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Los que también pusieron empeño a la hora de levantarnos el ánimo fueron la exfuncionaria de la Alianza Diana Conti y el enemigo de la Alianza Edgardo Depetri, quienes además de coincidir en la formación marxista -con todo respeto, no quiero que se ofendan por lo que antes les enorgullecía- ahora también coinciden en que Aimée Boudou es un candidatazo para reemplazar a Cristina en la presidencia en 2015, sin importar su magister del CEMA, su militancia derechosa universitaria ni, mucho menos, su presunta facilidad para hacerse amigo de lo ajeno. Lejos de menospreciar, hay que reconocer que no le pifian a la hora de afirmar que el actual Vicepresidente es un tipo que puede representar al kirchnerismo: un pasar económico injustificable, un domicilio en Puerto Madero y el sacrificio ritual de todo lo que dijo representar en el pasado, para dibujarse un presente nacional y popular. Con esta propuesta de candidato, más el bolazo de la hija de Albistur para legisladora por la Ciudad y Florencia Peña no sabemos para qué, queda claro que al gobierno del florecimiento de las mil flores le falló el jardinero.

Ahora empezaron a correr la bola -algunos periodistas inocentes, otros políticos chistosos- que el cambio de gestión presidencial vendrá acompañado de una revisión del dinero mal habido. No dudo que en la clase dirigente existe algún que otro funcionario, legislador o dirigente honesto, de hecho, creo -si mal no recuerdo- haber conocido alguno. El mayor problema con nuestros políticos no es que tengan el vaso medio lleno o medio vacío, sino que esa mitad del contenido es de honestidad, o de capacidad, nunca de las dos cosas juntas. Acá es imposible encontrar a uno con todas las cualidades, y si lo hubiera, tendría que hacerse cargo de la Presidencia, ocupar todos los ministerios, levantar la mano en el congreso, atender la mesa de entradas de todas las oficinas y servirse el café en soledad. No es que descrea de las buenas intenciones de llevar adelante una revisión y arqueo de caja, con sus posteriores investigaciones administrativas, pero, honestamente, ninguno de los presidenciables -ganas de, más intención de voto- tiene la altura para arrojar la primera piedra, ni siquiera un avioncito de papel, por acción, por omisión o por la manga de impresentables que los acompañan.

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En lo personal, me gustaría que empezaran a definirse por las cosas de la gestión, de los hechos delictivos debe encargarse el Poder Judicial, ese organismo que dijeron que no debería ser digitado por los otros dos poderes ni influenciado por los vientos políticos. Entiendo que el reclamo masivo de las últimas manifestaciones los marea, pero no es necesario que prometan lo que no les corresponde. No es lo mismo que el ciudadano de a pie exprese “los vamos a juzgar” en una protesta en defensa de la Justicia ante el avance del Ejecutivo y el Legislativo, a que un candidato a alguno de esos dos poderes afirme algo que nunca será de su competencia: con que garanticen que no habrá un pacto de impunidad, y que todas las irregularidades halladas serán remitidas a una justicia transparente, autónoma y libre de presión política, alcanza.

Independientemente de lo que cada uno piense de cada tema, estaría bueno que se la jueguen en otras cosas, que demuestren que tienen ganas de poder, hambre de gobierno, más allá del latiguillo efectista. O sea, que se banquen decir que no les cabe el fútbol gratuito sin desdecirse a los cinco minutos, o que se les ocurra alguna tercera vía realmente inclusiva -¿a nadie se le ocurrió habilitar un cupo de entradas para los pibes de las villas, en vez de entregárselas a los barrabravas?- como también me entusiasmaría que demuestren un cachito de coraje y afirmen que esa coparticipación arbitraria que tanto les jode hoy -y les jodió ayer- la discutirán y luego respetarán a rajatabla.

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Del mismo modo, me sentiría más contento que Boudou con impresora nueva si escuchara a alguno de los que se han quejado de la desarticulación de los partidos políticos, garantizar que se volverá a la organización partidaria, al menos del sector que dice representar, y no que seguiremos en esta interna permanente en la que nos obligan a elegir entre radicales orgullosos, radicales amargados, progres ofendidos opositores, progres alegres oficialistas, peronistas aliados, peronistas de la disidencia puteadora, o peronistas de la liga de los superamigos, todos agrupados según la moda electoral en coaliciones, alianzas, frentes y contrafrentes con amplio living, balcón luminoso y expensas a costas del votante.

No es muy complicado, es bancarse la coherencia de decirse diferente y también serlo. Pero eso de querer ser popular al hablar, y ser popular para desmentirse, o prometer con otras palabras lo mismo que se le critica al gobierno, tiene como final el descreimiento total del electorado, esa curiosa masa de clientes a la que hay que convencer que el producto nuevo realmente es mejor que el anterior, y no una versión con un packaging rediseñado.

Martes. Demasiados decoradores de interiores para una casa sin terminar.


No todo se debate


Hay que reconocer que al oficialismo nunca se lo podrá tratar de vago. En el gobierno le meten garra para demostrar gestión con anuncios que se contradicen entre sí, incluso dentro del mismo anuncio. Y aunque la realidad se empeñe en sembrarnos incógnitas sobre lo que percibimos, allí está Cristina para demostrarnos que sufrimos de una crisis de alucinación masiva, producto de la sobredosis de endorfinas derivada de tanta felicidad kirchnerista.

Ayer, cuando aún trataba de asimilar que no tenemos que tener miedo, porque eso es lo que sentía Cristina en la dictadura, y que hoy en día nadie puede desaparecer -con lo cual queda demostrado que Julio López y Luciano Arruga son dos mercenarios desestabilizadores al servicio de la CIA- me encontré con una nueva cadena nacional en la que la Presi nos contó que El Modelo fue tan exitoso en la última década, que ella lo celebra aumentando los planes sociales, las asignaciones universales por hijo y ampliando la cobertura de asignación familiar, medidas que la monada reunida aplaudió hasta reventar los sabañones, cuando hace tan sólo unos meses, puteaba a Hugo Moyano por la ridiculez de afirmar que existían hijos de trabajadores que eran discriminados y no recibían la asistencia que les correspondía. A grandes rasgos, se festejó que todo sigue igual, que nada cambió y que, a diez años del inicio de la década ganada, del mejor cuadro político desde la llegada de los españoles al Río de la Plata, del gobierno más mejor que haya visto este lado de la Vía Láctea, hay un sector inmenso que aún depende del asistencialismo gubernamental.

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Cristina tiró unos datos preciosos, unos números divinos a los que sólo les faltaba un poquito de perfume para invitarlos a salir. Lo que no pudo explicar -o quizá lo hizo pero fue tapado por el bolonqui de la patria aplaudidora- es qué es lo que pasa para que la guita siga sin alcanzar, si el gobierno aumenta el triple de lo que supuestamente fue la inflación que dice medir. Y por si quedaba alguna duda, luego de anunciar la implementación de una ayuda escolar extraordinaria y por única vez -parece que en la Rosada las clases arrancan en julio- mostró un cuadro con el que explicó, contenta, que con el aumento del 35%, el poder adquisitivo de los planes sociales será el mismo que el de los últimos tres años.

Tras anunciar que ingresará al mercado el doble de guita de la que estaba en circulación en materia asistencialista, la Presi se dirigió a los empresarios, sutilmente, con la clase y la precisión que la caracterizan, para decirles que los que ponen los precios son ellos, y no el Gobierno. Si bien los empresarios empezaron a preguntarse qué corno hacían en la Rosada, la actitud conciliatoria de Cris los alivió: les dijo en la cara -se habrían enterado igual, era cadena nacional- que los diarios nunca hablan mal de los empresarios porque pagan la publicidad. Por si el mimo presidencial no alcanzara, la primera mandataria les dijo que controlar es una palabra fea, pero que así es la vida, y que el gobierno utilizará a “los movimientos políticos, sociales y juveniles para desplegarlos en todo el territorio” en una campaña que se llamará “Mirar para Cuidar”. No es que hayan perdido la creatividad a la hora de nombrar las ideas geniales que tienen, pero eso del “Plan Buchones y Aprietes para Todos y Todas” no gustó mucho, y las camisas pardas que habían pensado no combinaban con las pecheras azules.

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Mientras los pibes del fondo festejaban que en un futuro próximo serán los botones de la sociedad, la Presi demostró que ahora también experimenta con la fusión de la economía y la biología, al afirmar que los precios no aumentan por cuestiones de la naturaleza, sino que es por culpa de los empresarios que quieren mantener la rentabilidad, como si fueran seres de beneficencia que perdieron la senda del Señor. Como ejemplo de sus conocimientos económicos, Cris contó que, con el lanzamiento del Plan Procrear, aumentaron los precios de los insumos para la construcción, pero que ella sabe que no es culpa de los salarios. Evidentemente, la Presi debe creer que los mosaicos son frutos de un árbol, que el cemento brota de las napas, que la pintura sólo es savia de alguna que otra planta y que los aumentos de demanda no tienen por qué afectar a la producción de nada. Por si no alcanzara con el ejemplo brindado, Cris hizo gala de su cultura geográfica al afirmar que no es normal que el cemento cueste casi el doble en El Calafate que en Pico Truncado, donde está la cementera, “si sólo las separan trescientos, cuatrocientos kilómetros”. Independientemente de que Cristina suponga que el traslado se hace por teletransportación, la realidad dicta que la distancia entre ambas ciudades es de 870 kilómetros, pero es tan sólo un detalle menor.

Para finalizar su exposición, la Presi deslizó que el gobierno tiene algunos proyectos para abordar el problema de la maternidad precoz, que “como es un problema de los jóvenes, se abordará desde los jóvenes, porque los problemas de los jóvenes los tienen que resolver los jóvenes con militancia y organización”. Reconozcamos que es una buena forma de delegar laburo y que cada uno madure a su tiempo. En un principio no me quedó muy en claro cuáles serían los roles que pueden jugar la militancia y la organización en la prevención de embarazos, hasta que imaginé a una mina haciendo planes para el sábado a la noche que se suspenden porque al novio le surgió una peña debate “La Patria Grande, una Realidad Palpable”.

Y ya que hablamos de gente aburrida, los somníferos vivientes agrupados en ese centro de terapia grupal denominado Carta Abierta, publicaron una nueva misiva para defender al gobierno. Básicamente, llamaron a no creer en los que quieren asustarnos, y para que nos quede claro, nos metieron miedo al plagar el texto de referencia a la Alemania previa al nazismo y a la era oscura de la dictadura. El argumento que repitieron una y otra vez es que no se está denunciando el mayor choreo de la historia, sino que se busca “horadar a un gobierno que, por primera vez en décadas, cuestionó injusticias y desigualdades, tramas monopólicas y abusos de poder de quienes siempre se sintieron los dueños del país”. Luego trataron al común de la sociedad de idiota, al afirmar que somos maleables a la construcción de la realidad que nos entregan los medios y que, si seguimos en la joda de creer que Cristina no fue una exitosa abogada ni Néstor un tipo desprovisto de una ambición económica desmedida, nos espera un futuro negro, como el de los ´90, cuando también se choreaba, pero sin tanto verso. En el texto, nos advirtieron que también debemos tener mucho cuidado con lo que leemos, vemos, oímos y decimos, dado que se apunta “a erosionar la figura pública de un ex-presidente, en una acción que se torna una respuesta de music-hall para problemas que merecen otro tratamiento”.

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Según el texto de los cráneos nacionales y populares, a la hora de hablar de la ridícula y previsible tragedia de Once, también está mal decir “la corrupción mata”. ¿Qué pretenden, un debate nacional y multisectorial que establezca si está bien o mal decir que un tren oxidado y sin frenos en una fiesta de subsidios, es producto de la corrupción? Para estos aburridos diplomados, el hambre en el contexto del exitoso modelo no es una triste realidad, sino algo que debemos analizar bien antes de repudiarlo. Un pibe descalzo que camina por Constitución no es causa de indignación, es algo que merece un debate.

Lo que estos idiotas ilustrados (pedantes, según la RAE) no entienden, es que no se puede pedir un análisis ante cada muestra de aberración. No todo se debate, ni mucho menos se puede pedir a la ciudadanía que tenga una balanza para pesar qué es peor, cuando es lo mismo que no le perdonan, ni le perdonarían a otro gobierno. Según este criterio, durante los ´90 deberíamos haber tenido en cuenta que Menem fue un militante de los Derechos Humanos que se comió cana durante años en la dictadura, para luego volver a enfrentarla, mientras defendía gratuitamente a los que estaban en cana, sin importar su afiliación partidaria, y encabezaba marchas de reclamo a los militares, codo a codo con Pérez Esquivel. Asimismo, deberíamos poner en consideración que, a pesar de “esas cosas cuestionables”, fue un gobierno que produjo un profundo cambio en la sociedad al instaurar estabilidad y la iniciativa personal como factor de progreso, y no fijarnos en nimiedades como los negociados, las muertes mafiosas, las explosiones de arsenales, los atentados a colectividades y alguna que otra cuentita en el exterior. Y sin embargo, a Menem lo puteamos ¿Qué les hace pensar que los vamos a tratar distinto, que ahora vamos a tener en cuenta otras cosas a la hora de protestar porque se la llevaron, se la llevan y se la llevarán en pala? ¿Realmente pretenden un debate ideológico sobre el choreo?

¿Tanto estudio y tanto palabrerío difícil para redundar en un “roban pero hacen”?

Jueves. Cuando un pibe nos kirchnerea la billetera al subir al bondi, no decimos “bueno, al menos me dejó subir primero, debería debatir qué lo llevó a privarme de mi patrimonio”. Tan básico como eso.


La Década Cambiada (La Década Cagada diría yo)

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Estas semanas hemos visto cientos de análisis y balances de lo que el oficialismo ha dado en llamar “La Década Ganada”. Desde este humilde espacio, pareció correcto sumarnos a la ola y hacer un resumen propio de lo que se ha vivido a nivel político en los últimos diez años. A lo largo de las sucesivas entregas, verán que la militancia es un invento de reciente factoría, que la no represión de la protesta social apareció un poquito tarde, que El Modelo es una estrategia de marketing tardía y que, si no recordamos todo lo que nos ha pasado, no es por falta de memoria, sino por sobreabundancia de escándalos.

El Estadista en mocasines


Cuando Néstor asumió su mandato el 25 de Mayo de 2003, juró no dejar sus convicciones en las puertas de la Casa Rosada. Nadie puede decir que no cumplió, sobre todo si vemos el estado en que se encuentra la provincia de Santa Cruz. Heredó de Eduardo Duhalde el equipo económico comandado por Roberto Lavagna y la cartera de trabajo de Carlos Tomada. También conservó a Ginés González García en Salud y a Aníbal Fernández, que pasó de ser ministro de la Producción a ser el responsable de la cartera del Interior. Para llenar los casilleros, puso en funciones a Gustavito Béliz, un personaje que, además de haber sido funcionario de Menem y candidato a Vicejefe de Gobierno de Domingo Cavallo –compartió equipo de campaña con Alberto La Viuda Fernández- tendría el privilegio de ser uno de los primeros arrepentidos del kirchnerismo, una moda que se repetiría con los años y cuya lista nunca termina de cerrarse. El ignoto médico de los Duhalde, José Pampuro, fue a parar a Defensa, mientras que el sedante barbudo Daniel Filmus –el progre que llevó el Shopping a la escuela- quedó a cargo del ministerio de Educación.

La pesada herencia recibida del Gobierno anterior dejó como saldo un dólar en 2,90 pesos; un superávit fiscal de 14 mil millones de dólares, una inflación del 3,2% anual -con un INDEC no intervenido- y la desocupación en descenso. Para tranquilidad del nuevo gobierno, el costo político de la devaluación y el default ya había sido pagado por otros, y gracias a que todo se comparaba con el caos de 2001/2002, los números no podían arrojar otros resultados que no fueran positivos.

Al toque de asumir, Néstor promovió la conformación de una comisión de enjuiciamiento para remover buena parte de la Corte Suprema de Justicia. “Debemos recuperar el correcto funcionamiento de la seguridad jurídica para terminar con las extorsiones y las presiones”, decía el Estadista por aquellos días. Comandada por la exitosa abogada, la comisión limpió a buena parte de la Corte y la reemplazó por figuras nuevas, de larga trayectoria que, en el caso de Eugenio Zaffaroni, incluía a la Dictadura.
Si bien Néstor prometió plebiscitar toda medida controvertida, combatir la inseguridad y traje a rayas para los grandes evasores, pronto caería en la cuenta de que era más fácil decir que se hacía todo eso mientras se buscaban culpables ante la falta de resultados. En materia de Defensa, se comprometió a reestructurar las Fuerzas Armadas “con gente de probada idoneidad y capacidad y, también, de confianza”, pero el presupuesto alcanzó para el Teniente General Bendini.

Las fuerzas de seguridad también debían ser revisadas y arrancaron por rajar al Comisario General Giacomino, bajo la acusación de favorecer a empresas amigas en licitaciones para la remodelación del hospital de la Federal. A la luz del paso de los años, podríamos decir que fueron un tanto injustos en el trato y que Giacomino, en todo caso, fue el primer kirchnerista de ley. La nueva actitud hacia la Policía Federal quedaría plasmada tiempo después, cuando Luis D´Elía se enervó ante el asesinato de “El Oso” Cisneros –un piquetero de la Federación Tierra y Vivienda- y acusó al personal de la Comisaría 24 de la Federal de proteger al asesino. Sabemos que es difícil de dimensionar el concepto del Estado como monopolio represivo, así que D´Elía decidió conocer las instalaciones de la seccional por dentro.

La comisaría terminó en llamas –literalmente-, destrozada y hasta desapareció un cuadro de Quinquela Martín. La Jueza en lo Criminal María Angélica Crotto ordenó desalojar la Comisaría, el secretario de Seguridad, Quantín, dijo que no, al Juez Oyarbide le pareció más copado lo que dijo Quantín, Crotto denunció a Quantín y a los policías que no quisieron acatar sus órdenes. Oyarbide dijo que el hecho no le pareció tan grave. Al final, tanta violencia y actitudes penadas por el Código Penal finalizaron. Luis D´Elía le dio la mano al Jefe de la Federal y se preparó para enfrentar el escarmiento del Estado: fue designado Subsecretario de Tierras para el Hábitat Social del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. No fue el primer piquetero funcionario, dado que Jorge Ceballos ya cumplía sus funciones en el ministerio de Desarrollo Social –como subsecretario de Organización Popular, nombre piola si lo hay- cargo al que renunció en 2007, cuando a todos sus compañeros les permitieron ser candidatos en sus municipalidades, menos a él.

Lo de “este gobierno no reprime la protesta social” todavía no estaba de moda. Es más, la Federal llevó a cabo una brutal represión en vivo y en directo para todo el mundo, cuando pasó por arriba a los manifestantes que se oponían a la sanción del nuevo Código de Convivencia porteño, en julio de 2004. Problemas con la Secretaría de Inteligencia mediante, Beliz renunció y fue reemplazado por Horacio Rosatti, quien debería cobrar regalías por haber sido el primero en decir que no se reprimen las protestas. Eso de meter en cana a los trabajadores que se manifestaban contra Repsol en Ensenada, ya no estaría bien. Mandar gente al calabozo por pedir tres kilos de mondongo a un frigorífico, tampoco. En el camino quedaron las imágenes de los 102 manifestantes presos, baleados y asfixiados con gases lacrimógenos, resultado de protestar contra el Fondo Monetario Internacional. Sí, el gobierno de Néstor Kirchner reprimió y metió en cana a un centenar de personas que puteaban al FMI. Sí, también desalojó a palazo limpio a quienes ocupaban las instalaciones de la quebrada farmacia Franco Inglesa. Una pena: hoy serían considerados pioneros de las empresas recuperadas por los trabajadores.

El Estado decidió reservarse el rol de buenazo y tercerizó el poder policial en las organizaciones que antes protestaban contra el Estado. Claro ejemplo de esto fueron las contramarchas que organizó Luis D´Elía en contra de la movilización en reclamo de justicia por el asesinato de Axel Blumberg. Detrás de esa movilización, había un petitorio firmado por 5,2 millones de personas que pedían que el Estado hiciera algo. La contramarcha de D´Elía no arrojó el resultado previsto, pero al menos fue el inicio de una larga carrera de manifestarse en contra del manifestante y a favor del gobierno.

Todo ello pasaba mientras Néstor le tomaba el gustito al rol de paladín de la lucha contra la represión del Estado, pero de la década del ´70. Ordenó bajar los cuadros de Jorge Videla y Reynaldo Bignone de los muros del Colegio Militar de la Nación y, si bien no encontró caja de seguridad alguna detrás de los mismos, firmó el traspaso de la Escuela de Mecánica de la Armada a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires para convertirla en museo y pidió “perdón en nombre del Estado Argentino que calló durante 20 años las atrocidades cometidas”.

Económicamente, le iba bien. Con 33 millones de toneladas de producción de soja en precio récord internacional, no paraba de entrar guita a las arcas de la Nación. Los números eran imposibles de mejorar, los resultados, en cambio, estaban lejos de brillar. El hambre afectaba a 1,4 millones de argentinos, Jorge Lanata estaba en la tele -acompañado por Adolfo Castello, Gisella Marziotta, Martín Caparrós y Reynaldo Sietecase- y competía contra Fútbol de Primera, Hector Magnetto era visitante frecuente en la quinta de Olivos y de Papel Prensa nadie sabía nada.

Un país un poquito distinto al que relata la épica militante, pero claro, no había militantes. Algunos dirán que los números del kirchnerismo hablan por sí solos al ser comparados con el 2001. Otros creemos que comparar contra la nada, siempre será positivo. Es fácil y traicionero, pero obviamente, efectivo. Aún faltaba para que naciera la palabra “relato” como sinónimo del verso gubernamental -acepción que aún no entiendo cómo no fue incluída en el diccionario de la RAE- pero podemos asegurar que fue aplicado desde el primer día, desde la primera acción de gobierno, desde ese “Sí, juro”. El relato siempre estuvo, sólo que tardamos en comprenderlo.

La década kirchnerista ha transcurrido en una permanente independencia entre lo que se dice, lo que se hace y el cómo se hace. Kirchner, que había asumido su mandato sin poder de urnas, tuvo que construirlo sobre la marcha. La fascinación por los poderosos acercó a varios, al resto se lo pudo adornar con discurso, presupuesto y, cuando no, con algún que otro cargo. La costumbre de maltratar a los que apoyan, no es un invento de Cristina. Señalar culpables entre las tropas y soltarles la mano ante una tragedia, tampoco. Encontrar corruptelas ajenas en aquel que se interpone en el choreo propio menos.

El Estadista jodón


Dos mil cinco no arrancó el primero de enero, sino dos días antes. El 30 de diciembre de 2004, unas cuatro mil personas ingresaron a un lugar que violaba todo lo que podía violarse en materia de seguridad. El recital de Callejeros no había terminado de arrancar cuando todo se cubrió de humo. Ciento noventa y cuatro muertos y mil quinientos heridos después, la realidad nos arrojaba por la cabeza que, por más buenas intenciones que pueda haber a la hora de hablar, el negocio personal está primero. Omar Chabán pagaba coimas a los inspectores municipales, a los bomberos y a la policía; Callejeros sabía que no entraba más gente en el local –igual que Chabán- y no les importó, Chabán tenía trabada la puerta de emergencia y todo esto lo vieron los inspectores y no lo sancionaron. Aníbal Ibarra, que había llegado a la jefatura del Gobierno con la Alianza, había renovado su mandato hacía un año, obviamente, de la mano del kirchnerismo. En marzo de 2006, Ibarra sería destituido.

En años electorales la tarasca lo es todo. A una mente brillante se le ocurrió mandar a Ricardo Jaime a España con la idea de pasar la gorra entre las empresas con intereses en Argentina y así juntar dinero para la campaña de Cristina Senadora 2005. Jaime les exigía una pequeña contribución, un palito por cabeza, a voluntad. No sería la última vez: en 2007 también le manguearon un millón y medio de pesos al Grupo Marsans –por entonces, Aerolíneas Argentinas- para las presidenciales. De aquellos viajes, Jaime también trajo material ferroviario por la ganga de 1.600 millones de dólares, material que, como corresponde, nunca se usó. Parte del mismo aún puede verse pudriéndose en terrenos del ferrocarril Roca, como un monumento al choreo.

El cuerpo diplomático del gobierno intentaba que algún chino levantara el teléfono para ver qué onda con las inversiones por 5 mil millones de dólares que habían prometido. Así y todo, varios años antes de Héctor Timerman, las relaciones internacionales argentinas ya brillaban por el doble discurso, con lo que representaba fielmente en el exterior la gestión puertas adentro. En mayo, la Corte Suprema denegó el pedido de extradición de Jesús María Lariz Iriondo a España. El tipo era tan solo un terrorista de ETA, y era acusado de algunos delitos menores, como un par de atentados con coches bomba. Gracias a esta mano judicial, Lariz Iriondo no tuvo que suspender su labor docente en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. En julio de 2005, la Justicia también denegó la extradición de Sergio Galvarino Apablaza a Chile, quien más tarde conseguiría el asilo político. Para mantener la coherencia, exigíamos a Irán la entrega de los sospechosos de perpetrar el atentado contra la Amia.

En tiempos de campaña, varios perdieron el pudor y se hicieron más kirchneristas que nunca, como Aníbal Fernández, Carlos Tomada, José Pampuro y Ginés González García, quienes no tuvieron mayores problemas con el fuerte contenido acusatorio de los discursos de Cristina y Néstor. La candidata a Senadora llamaba “El Padrino” al expresidente Duhalde –a tan sólo veintiséis meses de haber asumido como la primera dama del candidato oficialista- y hasta acusó a Chiche Duhalde de ser portadora de apellido, cuando nadie recordaba que el apellido de soltera de Cristina, es Fernández. La falta de defensa de los funcionarios para con sus antiguos líderes, no es patrimonio exclusivo del justicialismo. Graciela Ocaña se sumó al gobierno de Néstor en 2004, y se llevó consigo la banca de Diputada a la que había llegado un año antes, con el ARI de Lilita Carrió. Durante la campaña electoral de 2005, Néstor dijo que Carrió no podía justificar los aportes de su campaña. Ocaña no se inmutó. Se ve que le costaba expresar su bronca y por eso tardó cuatro años más en molestarse por los negociados con las obras sociales.

Si bien la primera dama tenía domicilio en Río Gallegos y ocupaba su banca de Senadora por la provincia de Santa Cruz, se presentó como candidata por Buenos Aires, enfrentó a Chiche, y ganó. La relación entre Kirchner y Lavagna –el único incómodo de los heredados de la gestión Duhalde- ya estaba rota y, el por entonces ministro de Economía, contaba en la Cámara Argentina de la Construcción que hubo al menos 10 casos de kirchnereo por sobreprecio en obras públicas. El estadista de mirada distinta acusó recibo y dijo que “la obra pública no es un gasto, sino una inversión”, aunque no quedó muy en claro cuál parte del sobreprecio iba a invertir. Lavagna salió eyectado. Fue reemplazado por Felisa Micelli.

Una perlita casi olvidada de aquella elección tuvo lugar cuando Alberto Fernández hizo uso de su agenda y consiguió que Eduardo Lorenzo Borocotó, diputado electo por el PRO, abandonara el partido y se aliara al kirchnerismo antes de asumir su banca. Poco importó que Borocotó haya sido aliado político de Patti en los ’90 y de Cavallo más tarde. Después de todo, Alberto Fernández también lo fue y nadie se ponía mal por ello. El barrilete cósmico del Jefe de Gabinete enfatizó que no hubo ningún ofrecimiento a cambio del pase. Un cable de inteligencia lo desmentiría tiempo más tarde. Otro incidente legislativo se produjo con el diputado electo Luis Patti, quien se vio impedido de asumir debido a las razones morales que impuso el oficialismo, con Miguel Bonasso a la cabeza, a quien nadie cuestionó por sus razones morales. En su lugar asumió Dante Camaño, que no terminó de sentarse en su banca y ya era kirchnerista.

En noviembre de 2005 vivimos uno de esos tantos momentos que caen en el olvido: una parva de gente prendió fuego la estación Haedo del ferrocarril Sarmiento, los trenes, un par de patrulleros y, de paso, se hicieron la tardecita saqueando los comercios de los alrededores. Entre Aníbal Fernández y el gobernador bonaerense Felipe Solá, no sabían de qué disfrazarse. Aníbal dijo que estuvo Quebracho en el quilombo. Solá, en cambio, puso los gobelinos en la mesa, se la jugó y dijo lo que había que decir: se trató de un grupito de agitadores que aprovecharon la ocasión para hacer desmanes. Menos de veinticuatro horas después, los agitadores refirieron que se dirigían a la III Cumbre de los Pueblos, en Mar del Plata, una joda que se organizó como contrapartida de la IV Cumbre de las Américas. Los participantes marcharon por las calles de La Casi Feliz hasta el estadio Mundialista, dónde pudieron hacer pogo con el recital de Silvio Rodríguez y hasta disfrutaron de un show de variedades que incluían a Hebe de Bonafini, Evo Morales y el Diego de la gente. El espectáculo fue conducido por un exultante Hugo Chávez, que repetía “ALCA rajo – ALCA rajo”. Terminado su discurso anticumbre, Chávez saludó y se fue a la cumbre, no sin antes decir “patria o muerte” con acento venezolano, acompañado de un músico cubano y el presidente de Bolivia, porque en ese entonces la patria también era el otro. El otro país.

Néstor estuvo a cargo del discurso de apertura de la cumbre y, fiel al estilo que caracterizó tanto a su gestión como a la de Cristina, se disfrazó de marciano recién llegado al tercer planeta del sistema solar, y se quejó de las políticas neoliberales de la década del ´90. Afuera, el pueblo no daba más de la alegría y prendía fuego un par de bancos, para luego jugar al quemado con los gases de la policía. Como ir a la costa y no traer recuerdos sería un desperdicio, también saquearon locales de Havanna.

El 15 de diciembre de 2005, Néstor anunció el pago de la deuda al Fondo Monetario Internacional, acto que para el militante promedio está a la altura del milagro de la multiplicación de planes. Íntegra, contante y sonante, ni un cobre de menos en el pago. Símbolo de época: el Fondo no se metería más en nuestros asuntos, ahora le rendiríamos cuentas a Venezuela. Chávez fue un amigazo y, sólo en 2005, compró bonos argentinos por cinco mil millones de dólares, tendencia que se continuó en 2006, independientemente de los préstamos al 15% anual que nos facilitó generosamente. Evidentemente, la independencia económica es tan sólo una cuestión de ser amigo de nuestro acreedor.

Como regalo de reyes de 2006, a principios de enero los asambleístas de Gualeguaychú cortaron el puente hacia Fray Bentos en protesta por la instalación de la pastera Botnia en la otra orilla del río Uruguay. Mientras Néstor no decía nada y las lunetas de los autos se llenaban de calcos que rezaban “No a las Papeleras”, nos enteramos que en Argentina había decenas de pasteras y que, en todo caso, los Uruguayos nos hicieron dumping al no cobrar la cometa que le pidieron a Botnia en Argentina. Para pacificar los ánimos, Néstor alentó a los asambleístas personalmente. El conflicto se proyectaría por años.

En Agosto de 2006 se armó el “Encuentro Federal” en el que participaron varios gobernadores y doscientos intendentes, todos pertenecientes a la Unión Cívica Radical. Nombres como Daniel Katz (Mar del Plata), Enrique García (Vicente López), Gustavo Posse (San Isidro) y gobernadores como Miguel Saiz o Arturo Colombi, escucharon al nuevo líder: el gobernador de la provincia de Mendoza, Julio Cleto Cobos. La historieta siguió una semanita después, en la Convención Nacional de la UCR, en Rosario, donde no participaron los radicales que habían estado en el encuentro anterior. Al toque se anunció la Concertación Plural, que era algo así como la Concertación de Partidos por la Democracia de Chile, pero con toda la onda que el kirchnerismo puede garantizar. Se oficializaba el radicalismo K.
Durante el mes de septiembre, Jorge Julio López desaparecería de su domicilio para nunca más dar señales de vida. Pasaron los años y sigue sin dar señales. Y eso que  Cristina pidió que no tengamos miedo, que en democracia no desaparece nadie. Un par de años más tarde, Luciano Arruga acompañaría a López en la actitud golpista y desestabilizadora de contradecir a la Presi y desaparecer en democracia.

Si agosto fue radicheta, octubre fue un mes bien peronista. El traslado de los restos de Juan Perón a la quinta de San Vicente fue planificado por meses y se realizó, obviamente, un 17 de octubre. Fue una auténtica fiesta peronista en todos sus aspectos: viejos que salían a la calle con sus cuadritos amarillentos y lloraban al ver pasar el féretro, y sindicalistas a los tiros. Ese mes, personal no médico del Hospital Francés tomó las instalaciones del mismo en reclamo de alguna solución a los tres meses de salarios adeudados, la paralización de los servicios y otras yerbas. Cayó una patota, produjo destrozos en las instalaciones, tomaron de rehenes a los empleados y a un Comisario Inspector de la Federal. Adentro estaba lleno de barrabravas que se vieron acorralados por el personal del hospital –que aseguró que la patota fue enviada por el gobierno-, en los pasillos estaban los gremialistas y, por si faltaba alguien, apareció el grupo Quebracho con botellas de nafta que eran colocadas en las ventanas del edificio. Afuera se encontraba la Guardia de Infantería de la Federal con más ganas de entrar que Néstor frente a una caja fuerte. Los uniformados lograron sacar a la patota en un colectivo de la Federal y se la llevó custodiada hasta el barrio de Flores.

Dos mil seis pintó lindo. Las políticas aplicadas por el gobierno en materia energética nos trajeron de  regalo la pérdida de autoabastecimiento gasífero, la necesidad de volver a contar con el gas boliviano luego de años de no hacerlo, más el apuro por importar combustible para la generación eléctrica. Guillermo Moreno ya daba sus primeras predicciones imbatibles y refería que pronto llovería gasoil. No le pifió: los hidrocarburos que le compramos a Chávez provocaron lluvia ácida en La Boca, Barracas y Dock Sud.

Un año tan productivo no podría terminar de otro modo. Casi sobre el filo, entre champán y pan dulce, aprendimos una nueva palabra: Skanska. Para la asimilación del vocablo “Relato” aún faltaba, aunque ya nos tenían entrenados con tanta realidad distinta a la que nos contaban.

Ese dogma incuestionable e imposible de definir que han bautizado como El Modelo, no existió como tal desde los inicios del kirchnerismo. Cristina, al momento de asumir, nos revoleó por la cabeza la definición que iría adaptándose y modificándose con el paso de los años desde el Modelo de Crecimiento e Inclusión con base en matriz diversificada, hasta este Modelo de Crecimiento Patrimonial e Inclusión de funcionarios con base en matriz de dibujo de estadísticas, impresión de billetes y enfardado de euros. 

El ascenso de la Arquitecta Egipcia


Entre sidra, pan dulce y el tío borracho que se quema con un tres tiros, el 26 de diciembre de 2006 nos enteramos de un problemita que ya llevaba un año. En 2005 Julio De Vido había llamado a licitación para la construcción de un gasoducto. La empresa Transportadora Gas del Norte denunció un 150% de sobreprecio. Empezó la investigación y resultó que Skanska -empresa que había ganado la licitación- había pagado más de cien facturas a empresas inexistentes. Hubo despidos en Skanska, gerentes procesados y luego silenciados con jugosas indemnizaciones, y hasta Tinelli quedó en el medio. El Gobierno Nacional le cobró a la empresa -o sea, la contraparte en el negociado- una multa de diez millones de pesos. Dio la casualidad de que justo, justito, era el monto del sobreprecio de la obra.

El por entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dijo que el Jefe de Gobierno Jorge Telerman, estaba prendido en la joda. No pasó naranja, pero Alberto ya mostraba esa hilacha peligrosa en cualquier carrera: el rencor. El pelado afrancesado había llegado al gobierno de la Ciudad como secretario de Cultura de la primera gestión de Aníbal Ibarra, cuñado de Alberto Fernández. Cuando Ibarra se presenta para la reelección, Telerman fue de vicejefe. Luego del juicio político que terminó por remover a Ibarra, Telerman asume la Jefatura de Gobierno. Desde siempre enemistado con Alberto Fernández, éste último se encargó de desprestigiarlo cada vez que pudo.

A fines de enero de 2007, el gobierno anunció el desplazamiento de Graciela Bevacqua, titular del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, y todo porque la funcionaria –a cargo desde 2001- no quería modificar el sistema de medición del índice de precios si no se utilizaban parámetros de reconocimiento internacional. En los primeros seis meses, la inflación del Indec arrojó un 4,4%. Las mediciones de las consultoras –que hasta la intervención coincidían en sus números- arrojaron un 14,4%. Nacía, así, la inflación real y la paralela, pionera en la ambigüedad de la última década, acompañada por el dólar oficial y el blue, la inseguridad y la sensación, y otros montajes de la factoría de Balcarce Fifty Productions.

En el mismo mes de enero, Telerman anunció que las elecciones para Jefe de Gobierno serían en junio y buscó el apoyo del kirchnerismo. Alberto Fernández dijo que era mejor poner a un tipo carismático, acaparador de votos y líder de masas. Lo intentaron, pero consiguieron a Daniel Filmus. Telerman quedó afuera del ballotage y Macri sacó a pasear por primera vez a Filmus en la segunda vuelta. De todos modos, hay que reconocer que la campaña previa fue entretenida. Néstor salía de la oficina de hacer negocios con Franco Macri, para luego dar un discurso en el que pedía a la ciudadanía que recordara que Mauricio es Macri. La ciudad apareció empapelada con carteles que decían que los que piensan votan a Filmus, Telerman mostraba sólo su pelada en los carteles y Macri se sacaba fotos en Ciudad Oculta. Y así, mientras Mauricio sacaba a bailar a Michetti en silla de ruedas ante las cámaras del mundo, nosotros nos preguntábamos si era necesario y Néstor corría a Alberto Fernández por los pasillos de la Quinta de Olivos.

Ni bien finalizaron las elecciones porteñas, el kirchnerismo dio marcha atrás con la promesa de campaña de Filmus y decidió no transferir la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Federal, pero en cambio autorizó al gobierno de la Ciudad a que pueda crear una propia. Seis años después, todavía están en eso. Entre tanto, Daniel Scioli, que luego de saltar de la lancha a la política de la mano de Menem y haber ocupado la secretaría de Turismo con Duhalde, ejercía de Vicepresidente de Néstor, dejó de aspirar a la jefatura de Buenos Aires –cargo que pretendía- y se puso a buscar algún domicilio en la provincia para ser gobernador.

El caso Skanska seguía con sus coletazos. El gobierno decidió intervenir Enargas y desplazó a todos los directivos que no tenían absolutamente nada que ver, al menos no en este negocio. Entre los eyectados se encontraba el Pacha Velazco, pareja de Felisa Micelli. Y como el silencio no es gratis, más si los demás se la están llevando con una retroexcavadora, Velazco habría reclamado la suya: unos 250 mil dólares. Precavido, para no andar de paseo con tanta tarasca encima, Velazco los habría dejado en el baño del despacho de su mujer. Una inspección de rutina encontró la bolsa y el programa de Lanata en Radio del Plata los escrachó. En silencio, Felisa fue desplazada de su cargo, aunque le mantuvieron la custodia policial. La reemplazó Miguel Peirano por los meses que restaban de gestión de Néstor.

La campaña nacional estaba a pleno. Por elección unánime -un voto- Néstor informó que la candidata elegida a sucederlo era Cristina Fernández. Con la Concertación Plural lanzada, el candidato a Vicepresidente fue Julio Cobos, radical, Gobernador de la provincia de Mendoza y el favorito de Néstor, con lo que tiró por tierra las aspiraciones de Felipe Solá, a quien ya habían hecho bajarse de la reelección en la provincia de Buenos Aires para dejarle lugar a Scioli. Cristina, Cobos y vos ganaron las elecciones con el 45% de los votos emitidos, sin mayores escándalos, aunque hubo alguna que otra mancha, como la desestabilizadora Policía Aeroportuaria que encontró unos 800 mil dólares dentro de una valija de la delegación venezolana.

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Los medios del mundo se hicieron eco del escándalo, menos acá. Luis D´Elía enseguida argumentó que todo se trató de una operación montada por la CIA y Aníbal Fernández negó que Antoninni Wilson haya estado en la Casa Rosada, aunque una cinta de las cámaras de seguridad y una firma en el libro de visitas decían lo contrario. La mina que encontró los dólares renunció a la Policía, hizo una tapa para la revista Hombre, y pasó tan rápido al anonimato como había salido del mismo. La única ventaja del asunto es que nos dimos cuenta lo buena que está Victoria Bereziuk, la rubia infernal que era asesora de Claudio Uberti, el funcionario de Néstor que trajo a Antoninni Wilson a Argentina.

Antes de entregar la banda presidencial, y como última medida de gobierno, el 9 de diciembre de 2007 Néstor Kirchner firmó la fusión entre Cablevisión y Multicanal, con lo que le dio al Grupo Clarín el mercado mayoritario de las compañías de cable, una de esas medidas que hace que el kirchnerista promedio entre en cuadro de infarto cerebral al intentar explicarlo. Cristina, finalmente asumió el 10 de diciembre con un festival en el que no hubo piedad para nosotros: tuvimos que oírla cantar con Alejandro Lerner y el Bahiano. El glamour de la festichola incluyó a Pablo Echarri y Nancy Duplaá de paseo por la Rosada, a Lubertino a pura lágrima y una manifestación de gente feliz de la vida por el triunfo de la democracia y la alternancia en el poder. Y como el gabinete iba a ser totalmente nuevo e independiente de la gestión anterior, se quedaron todos, menos Miguel Peirano, que fue reemplazado por Martín Lousteau, Daniel Filmus, que cedió su lugar al igualmente carismático Juan Carlos Tedesco y Ginés González García, que se fue de embajador a Chile dejando su despacho a Graciela Ocaña.

Finalmente, al realizarse los cambios de gestión a fin de año, el Juez Federal a cargo de la causa Skanska, Guillermo Montenegro, juró como ministro de Justicia y Seguridad del gobierno de la Ciudad, y se llevó consigo al titular de la Secretaría en la que estaba la causa. Scioli, luego de ligar la provincia de Buenos Aires, también dio una mano y se llevó al Fiscal de la misma causa, Carlos Stornelli. Así, la causa Skanska quedó vacía de poder y en manos de la subrogancia de Oyarbide.

Un año tan copado no podía terminar de mala manera. Néstor viajó a Colombia para ser garante en la liberación de rehenes de las FARC. Chávez, por su parte, estaba muy compenetrado en parecer preocupado. No faltaba mucho para que lo vincularan como protector y financista de la narcoguerrilla colombiana aunque esto, como todo, quedó en la nada.

Muchos heridos que supieron ocupar sus cargos, cobrar sus buenos sueldos y manejar sus jugosos presupuestos, hoy intentan despegar a Néstor de Cristina y pululan por los medios, en la búsqueda de un voto que nunca tuvieron ni tendrán. Deberían crear la Agrupación Viudas de Néstor, dado que, en lo particular, no encuentro la diferencia fundamental: esto es la cosecha de lo sembrado, el pibe del que nadie se quiere hacer cargo pero que, al momento de concebirlo, la pasaron joya.

Pero claro, son solo puntos de vista.

El primer año de gestión de Cristina Elizabeth no salió tan redondo como algunos esperaban. Las perspectivas podrían haber ilusionado a varios oficialistas, dado que llegaba a la presidencia con el mismo equipo del expresidente, gente que, supuestamente, estaba ya fogueada en el manejo de imprevistos, más algunas figuras que, si bien eran nuevas en sus cargos, llevaban años de experiencia en el rubro. A este grupo, Cristina lo presentó como el mejor cuadro político de los últimos cincuenta años. Pero resultó ser que el mejor cuadro político, la gestión que no tiene errores para esconder porque no registra ningún fracaso, el gobierno más mejor de todos, vivió una de sus crisis más profundas solo porque no supo manejar una queja tributaria.

Del campo sojero al campo narc&pop


En marzo de 2008 Martín Lousteau puso el gancho en la resolución número 125, mediante la cual se aumentaron las retenciones a la soja y el girasol y, de paso cañazo, se estableció la movilidad por el módico plazo de cuatro añitos. El sector agropecuario -que, en buena medida, había bancado a Cristina en 2007– se lo tomó un poquito a mal. Con las retenciones alrededor del 45% de lo producido empezaron los cortes de rutas y los tractorazos, por lo que la Semana Santa de 2008 se convirtió en un bardo nacional. Cuando el paro agropecuario llevaba unos 13 días, el martes siguiente de Semana Santa, Cristina intentó apaciguar las aguas y, fiel a su estilo, dijo unas palabras conciliadoras, que fueron desde calificar a las protestas como “los piquetes de la abundancia”, hasta el juicio moral que hacía referencia a que estaba mal que los productores quieran tener plata a costa del resto de los argentinos.

Las palabras surtieron efecto, aunque no el deseado por el gobierno: unas diez mil personas –según la Federal- quisieron entrar en la Plaza de Mayo. Por suerte, apareció Luis D´Elía a ponerse del lado del más débil, o sea, el Estado. Así fue que el defensor de ricos y presentes, en nombre de los pobres y ausentes, despejó la plaza a trompada limpia y terminó abrazado a la Pirámide de Mayo, mientras gritaba “la plaza es nuestra, la puta que lo parió”. Del otro lado del mapa, en la puerta de la Quinta de Olivos, las fuerzas del gobierno que no reprime la protesta social utilizaban camiones hidrantes para correr a los manifestantes. Un par de días más tarde, empezamos a ver a la Cristina de la gente. En una presentación en Parque Norte presentó “Enrollen las banderas”, “A ver el de la corneta” y “Todo me cuesta el doble por el sólo hecho de ser mujer”, grandes éxitos que se sumaron al ya clásico “La Amenaza Fantasma Militar” y que finalizó en una épica versión “Evocando al Grito de Alcorta” de 1912.

Para abril, una densa capa de humo tapó a la ciudad de Buenos Aires y alrededores. Por si fuera poco, al anuncio de la inflación del Indec se le sumó la quema de pastizales que también hicieron lo suyo para que la humareda alterara los ánimos. Mientras, el gobierno organizó el Encuentro por la Convivencia y el Diálogo, una excusa para llenar la Plaza de Mayo con el objeto de juntar fuerzas para imponer el discurso único y aniquilar el diálogo. Fue entonces cuando pudimos ver el parto de una costumbre que se repetiría hasta nuestros días: la afirmación de que nunca en la historia hubo tantos ataques contra un gobierno recién asumido. Arturo Illia no cuenta, su tocayo Frondizi, menos, a pesar de los sesenta y pico de planteos militares. Finalmente, el lema de convivencia y diálogo también sirvió para llamar a la conciliación de todos…y para acusar a los protestones de golpistas que reemplazaron los tanques por los multimedios. Arrancaba la Cruzada Clarín.

Como en el país no pasaba nada, Cris viajó a Francia a distenderse, participar de las negociaciones para la liberación de Ingrid Betancourt –por entonces aún cautiva de las FARC- y mostrar su boina, por lo que nadie entendió qué hacía Julio De Vido en el viaje. En junio de 2008, el gobierno del amor ordenó poner orden con cariño: Gendarmería se llevó en cana a De Angeli y a dieciocho ruralistas que lo acompañaban. Otra vez gente en la calle. Luis D´Elía, siempre ubicado en tiempos y espacios democráticos y tolerantes, llamó al pueblo a tomar las armas, mientras Néstor pedía copar la Plaza de Mayo en apoyo al gobierno. Era sábado por la noche y, obviamente, en la plaza había tantos huecos que se podía jugar a la mancha sin que nadie se lleve puesto a otro. Guillote Moreno, acompañado de Acero Cali y un sonriente Julio De Vido, apareció por la plaza para mostrar su última composición, que rezaba más o menos así: “gorila puto vas a pagar las retenciones del Gobierno Popular”.

El nacandpopismo gubernamental convocó a la Plaza del Amor, un nombre que, como todo lo que ha hecho el kirchnerismo, dice una cosa y quiere decir otra. El miércoles 18 de Junio, la multitud se agolpó en la plaza de Mayo para escuchar la última composición de Ignacio Copani, Cacerola de Teflón, tema que puede ser hallado en el recopilatorio Grandes Éxitos -tres canciones- del genial artista vernáculo. La Presi apareció sobre el final, dijo casi lo mismo que en sus discursos anteriores, lloró y se abrazó a Néstor. La radio de las Madres de Plaza de Mayo dijo que hubo 200 mil personas, la Federal de Aníbal Fernández, 60 mil.

En medio de este bolonqui divino, a Néstor le pareció que la Concertación Plural no servía para concertar, y convocó a elecciones de autoridades dentro del Partido Justicialista, el cual se encontraba intervenido desde 2005 por disposición de la Juez Servini de Cubría. La elección fue muy reñida: dieron de baja a la lista opositora y Néstor fue elegido presidente del Partido. Su plan de acción inmediato consistió en pedir que el PJ dejara de pertenecer a la Internacional Demócrata Cristiana y adhiriera a la Internacional Socialista. ¿La tercera posición? Una marcha de la caja de cambios, o algo raro del Kamasutra.

Luego de semanas de paro agropecuario, Cristina decidió enviar al congreso la bendita resolución 125 para que fuera ratificada. Fue en aquellos preciosos días otoñales de 2008 en que hace su aparición pública la agrupación La Cámpora, un microemprendimiento que llevó adelante Máximo Kirchner para entretenerse cuando se queda sin uñas de tanto rascarse el higo. De la mano de intelectuales de la talla de Juan Cabandié, José Ottavis, Andrés Larroque y Recalde Junior, la agrupación debutó en sociedad con una carpa en la plaza de los Dos Congresos, y un puñado de militantes dispuestos a fomentar el debate disfrazados de huevos. Un día antes de la votación de los Senadores se realizaron dos actos simultáneos, uno en el Congreso, donde habló Néstor, y otro en Palermo, donde hablaron los representantes de la Mesa de Enlace ante un número de gente que nadie imaginó que se podía juntar.

La votación arrancó el 16 de julio y se hizo larga. A las 4,30 de la madrugada del 17 de julio, el empate obliga al vicepresidente a emitir su opinión. Un voto no positivo alteró tanto los ánimos que los aburridos chicos pintaron las calles con leyendas en las que acusaban a Cobos de traidor, además de pedirle que le mande saludos a Vandor. Por otro lado, los inconsistentes que acusan de golpistas a quienes marchan para putear a la Presi, organizaron una marcha para echar a Cobos. Cris, ya en otra, da marcha atrás con la 125, nos trata de inconformistas y se olvida del Campo para siempre. Es obvio que alguien debía pagar el costo político. Ese alguien fue Alberto Fernández, quien fue reemplazado por Sergio Massa, exmilitante de la Juventud Liberal y de la UCeDe, exfuncionario de Menem, exfuncionario de Duhalde, exfuncionario de Néstor y, por entonces, intendente de Tigre, hoy devenido en la esperanza blanca del peronismo. Poco tiempo después, se anunció la reestatización de Aerolíneas Argentinas. Omar Viviani, Secretario General del sindicato de peones de taxis, se sumó a la ola nacionalista empresarial y prometió escrachar a las empresas españolas con capitales en el país.

La necesidad de mostrarse como un gobierno de acción llevó a que la Presi tome el camino de la inauguración de lo que sea. Cualquier cosa venía bien: obras de pavimentación en Ezeiza, la línea de producción de la Ford Motors Company, una ampliación de fábrica de zapatos Grimoldi, otra de tapas de empanadas, la red cloacal de un barrio de La Matanza y hasta la reinauguración de inicios de obras que seguían sin iniciarse. Todo era bienvenido, incluso un hospital en Malvinas Argentinas en el que el Gobierno no puso un peso, pero al que Cris fue a sacarse la foto. La agenda que le armaba Sergio Massa era maratónica y llegamos a escuchar a Cris decir frases incunables, como cuando disparó que los argentinos estábamos cansados de tantos discursos. Lo dijo durante el cuarto discurso al hilo en una sola jornada.

Mientras la Presi hablaba cada vez que se cruzaba con un micrófono, las tapas de los diarios daban cuenta del hallazgo de tres cuerpos a la vera de la ruta en General Rodríguez. Sebastían Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina aparecieron con las manos atadas y corchazos en sus cabezas. Tiempo después nos enteramos que Damián Ferrón era socio de uno de los imputados por el tráfico de medicamentos, y que Sebastián Forza no podía justificar su exponencial crecimiento patrimonial con su distribuidora, pero que así y todo pudo aportar unos 200 mil pesos para la campaña presidencial de Cristina. Fue también en 2008 cuando se produjo un allanamiento que desataría un escándalo mediático que terminó en la nada misma: el allanamiento de una quinta en Ingeniero Maschwitz y la detención de narcotraficantes mexicanos, o sea, el inicio de lo que más tarde llamaríamos “La ruta de la efedrina”.

En la recta final del año, el gobierno intentó repetir la receta que tan buen resultado le dio a Néstor y organizó un acto en la Casa Rosada para anunciar la cancelación del pago de la deuda al Club de París. Un par de semanas después, Néstor decía que tremendo pago era algo que debía evaluarse mejor. Casi cinco años después todavía ni se trató el tema, pero estamos seguros que alguna vez, por ahí, en una de esas, si pinta, alguien pagará la joda. Probablemente sea el mismo que construya el Tren Bala que se anunció, también, ese año. La Cámpora, mientras tanto, avanzaba de a poquito a fuerza de comunicados en los que la agrupación defenestraba a quienes se oponían desde los medios. Víctor Hugo Morales no fue la excepción y lo tildaron de ser afín a los monopolios multimediáticos y a los cuadros sojeros reaccionarios. La reacción tenía su lógica: Víctor Hugo había dicho que Mariotto era un funcionario de actitudes dictatoriales.

El 2008 no sólo fue entretenido respecto de la crisis política derivada de la joda del campo, también fue el año en que se desató la crisis económica internacional, para el cual Cristina dijo no necesitar de ninguna medida, a la semana presentó un plan de contingencia, y luego volvió a afirmar que el gobierno no necesitaba de ningún Plan B, mientras podíamos ver a la Primera Mandataria promocionar calefones por Cadena Nacional o anunciar, chocha de la vida, el Plan Canje de Bicicletas. Por aquellos días nos informó que las burbujas no explotan, sino que se derrumban y que por eso había crisis económica, porque el mundo se derrumbó como una burbuja.

Y así, mientras Néstor destacaba la lealtad de Daniel Scioli en contraposición a las actitudes de Julio Cobos, 2008 resultó ser el último año que vivimos sin la existencia del narcótico ideológico denominado 678. Tan distinto era todo que Luciano Gallende y Daniel Tognetti laburaban para el grupo Clarín, en cuya pantalla aún se podía ver a Televisión Registrada riéndose del gobierno. Tan igual era todo que Néstor Kirchner agitaba contra todos los que pensaban distinto del gobierno.

Viernes. Y pensar que todavía tenemos que escuchar a los funcionarios de Néstor decir que estas cosas, con Kirchner, no pasaban.
 
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http://blogs.perfil.com/relatodelpresente/2013-05-23-1319-no-todo-se-debate/
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